A menudo, en el debate municipal, los sistemas de bicicletas compartidas se perciben únicamente como una herramienta medioambiental o una política de sostenibilidad. Sin embargo, los datos demuestran que son, ante todo, un motor económico de primer nivel para los municipios.
Para los responsables de la planificación urbana y las finanzas locales, ha llegado el momento de cambiar el enfoque: la bicicleta compartida no es un gasto, es una de las inversiones públicas más rentables y transformadoras a nuestra disposición.
La bicicleta compartida tiene una rentabilidad social masiva para el conjunto de España
Si analizamos las 144 ciudades españolas de más de 50.000 habitantes, el potencial económico es asombroso. Si todos estos municipios desplegaran sus sistemas de bicicletas a una capacidad óptima,España generaría 121 millones de euros de retorno social neto cada año.
Pero… ¿De dónde sale exactamente esta cifra?
Este cálculo riguroso se obtiene al restar los costes de implantación y mantenimiento del valor económico que el sistema genera a la sociedad. Se estima un coste de instalación (CAPEX) de 4.500 € por bicicleta y un coste operativo anual (OPEX) de 2.000 € a lo largo de 8 años.
A esto se le aplica un multiplicador económico (1,425) que cuantifica los beneficios derivados de tres factores: la reducción del gasto sanitario, el aumento de la productividad laboral y la disminución de emisiones de carbono.
Este retorno de 121 millones no representa dinero directo en la caja del ayuntamiento, sino un valor económico real que la sociedad recibe: ciudadanos más saludables, menos horas perdidas en atascos, creación de empleos locales y un aire más limpio


